En la actualidad, los medios de comunicación ocupan un lugar central en la vida cotidiana. Más allá de transmitir información, construyen significados, actitudes y valores. Los medios de comunicación participan en el desarrollo de actitudes y valores de las personas.
El cine, las redes sociales, la televisión, tienen un impacto significativo en la percepción y experiencia de las enfermedades mentales. La información que comparten va disfrazada de buenas intenciones, se esconden detrás del querer ser partícipes a la contribución de informar y educar al público, pero realmente las representaciones que pueden llegar a hacer en sus películas, series y contenido, carecen de realidad. Muestran imágenes exageradas, inexactas y cómicas que utilizan para retratar a personas con trastornos psiquiátricos y de esta forma siguen generando estigma. Se siguen presentando los trastornos mentales como algo anormal, fichando, enfrascando, generalizando y deshumanizando a las personas.
Cómo contribuyen los medios de comunicación en el estigma de la salud mental.
La televisión, por ejemplo, “enseña o refuerza las convenciones sociales sobre cómo tratar a las personas con trastornos psiquiátricos” (Arboleda-Flórez, 2017). Da como resultado que quienes habitualmente ven televisión por periodos prolongados tengan opiniones más negativas respecto a quienes ven televisión en menor tiempo.
Nuestra visión del mundo no se forma en el vacío, sino a partir de nuestras experiencias y los contextos en los que vivimos. “Percibimos la realidad en términos de nuestra propia experiencia, influenciada por grupos primarios (familia y amigos), grupos secundarios (escuela, instituciones religiosas y gobierno) y medios de comunicación” (Arboleda-Flórez, 2017). En ausencia de contacto directo con personas con enfermedades mentales, muchas personas basan sus opiniones en las representaciones mediáticas disponibles. Esto ha derivado en la creencia de que quienes padecen trastornos psiquiátricos son incontrolables, peligrosos y deben ser temidos y evitados (Arboleda-Flórez, 2017).
Distorsión de la información presentada
Los medios suelen omitir datos clave, como que “solo una minoría de las personas con trastornos mentales cometen delitos graves y que la incidencia real de la violencia por parte de personas con enfermedades mentales es menor que la de las personas consideradas normales” (Arboleda-Flórez, 2017). Estas representaciones refuerzan estereotipos: todavía persiste la creencia de que las personas con esquizofrenia son agresivas o incapaces de valerse por sí mismas, cuando en realidad muchas trabajan, estudian y llevan su vida de manera autónoma, incluso con ciertas dificultades.
Los medios de comunicación no solo estigmatizan la enfermedad sino que también incluye a los profesionales y tratamientos. Comparan a los psicólogos con los médicos, pero de los que solo atiende a quienes no tienen autocontrol y al darse cuenta de las diferencias, los tachan de ineficientes y dudan de los métodos terapéuticos.
Los medios como “especialistas”.
Con el auge de las redes sociales y la cultura del “edutainment” (educación + entretenimiento), muchos medios y creadores de contenido asumen el papel de expertos en salud mental sin formación adecuada. Se difunden términos diagnósticos (ansiedad, depresión, TDAH, trastorno narcisista, bipolaridad) de forma superficial o distorsionada, muchas veces con fines virales o comerciales. Este fenómeno refuerza estereotipos y reduce la complejidad de los trastornos a etiquetas fáciles de consumir.
Autodiagnóstico: el nuevo riesgo
Las personas internalizan los mensajes de los medios y comienzan a autodiagnosticarse con base en listas de síntomas, memes o testimonios. Esto puede llevar a errores de interpretación: atribuir malestar normal a un trastorno mental o, al contrario, minimizar síntomas graves. Según investigaciones recientes, el consumo constante de contenido relacionado con salud mental puede aumentar la autoidentificación con diagnósticos sin evaluación clínica (Ashton et al., 2023).
Buenas prácticas para informar sobre salud mental.
Frente a este panorama, organismos internacionales recomiendan adoptar lineamientos éticos al informar sobre salud mental. Entre ellos:
- Enfatizar que las enfermedades mentales son reales, comunes y tratables.
- Presentar historias sobre personas con enfermedades mentales que desempeñan un papel activo en la comunidad.
- Destacar el impacto en familiares, amigos y cuidadores.
- Entrevistar a pacientes recuperados y cuidadores para visibilizar procesos de manejo exitoso.
- Recalcar la importancia del diagnóstico y tratamiento tempranos.
- Proporcionar información correcta a través de profesionales de confianza.
- Mostrar la complejidad y diversidad de los trastornos psiquiátricos (Arboleda-Flórez, 2017).
Los medios de comunicación sí pueden influir en las personas: lo que piensan, cómo se comportan y cómo interpretan. Incluso pueden generar minimizar las señales de riesgo de tu cuerpo, hacerte sentir incapaz de controlar tu salud o en la creencia de que problemas complejos (como las adicciones) pueden resolverse “mágicamente” solo con fuerza de voluntad. Los medios de comunicación no son actores neutrales; modelan percepciones, actitudes y comportamientos en torno a la salud mental. Si bien pueden contribuir al estigma, también tienen el potencial de ser agentes de cambio positivo cuando presentan información precisa, equilibrada y humana. Comunicar de manera responsable puede reducir prejuicios, fomentar la búsqueda de ayuda y mejorar la calidad de vida de quienes viven con un trastorno mental.
REFERENCIAS
Arboleda-Flórez, J. (2017). The media and mental illness stigma. Frontiers in Psychiatry.
Valverde-Bolívar, E., García-Arenas, J. J., López-Pelegrín, I., Pérez-Gómez, L., Muñoz-López, M., & Simonelli-Muñoz, A. J. (2022). The stigma of mental health professionals towards users with a mental disorder. Actas Españolas de Psiquiatría, 50(4), 178-186.
The stigma of mental health professionals towards users with a mental disorder – PMC

Add a Comment